Cada mañana al despertarme, la voz de la conciencia de la vida, me dice que está esperando que la descubra, y le ocntesto que la desnudo minuto a minuto.
¿Y que hallas bajo esa segunda piel lobezna? Mis zarpas la desgarran para toparse con las ansias de decir que no a nada, de ponerse en bandeja y dejarse raptar sin ser un rehén por lo impulsivo.
Hallo caminos que me llevan hasta las sábanas blancas; por el momento no me quieren dejar escapar. Pero entre suspiro y suspiro, y el no a nada, hulles de la realidad surcándote en mis adentros.
Si me zambullo en tus escabrosos humores, no es por refugiarme de empapadas tormentas que puedan avecinarse, sinó porque tu ego pide a gritos que le tiendan una manoy no aferrarte a ella, unas sí merecerte en su baivén y permitirte el lujo de posarte en ella, sin ataduras de por medio.
Yo no sé que pide mi ego, pero si quizás mis escabrosos humores, que se sumergen en la piel de tu olor y tu voz. Si en algún instante de los que inhalo tu aire, me suemrjo en tu textura, quizás sea que me encuentro en los senderos de una nueva busqueda.
Incontables atajos adornan el sendero, que se nutre de luz y agua, se broncea y se empapa, se seca y se moja al unisono, creando así un peregrinaje de dichosa felicidad y ligeras visictudes en el que apetece adentrarse, arremetiendo y sonsacando la oscuridad gatuna tantas veces como el instinto pida.
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