He reposado mi cuerpo en tus calles, creo haber cruzado una utopía. Cirro los ojos, y aparece la imagen de tus paredes, donde aposento mi respiración y, al inhalar aire respiro la droga de tu essencia.
Tomé tus suspiros y me sacié de ellos, aunque realmente quería más y mi voz te lo pedía.
En mis infinitos mis manos caminaron sobre tu piel igual que las tuyas sobre la mía, no podía separar mi boca de la tuya ni mis oidos de tus jadeos.
Descubrí debileradamente lo que escondes debajo de la ropa, y sin ir en contra de los sentidos y deseos que tenemos en común.
No podías parar de tocarme y yo no quería que dejaras de hacerlo.