miércoles, 16 de febrero de 2011

Que anoche la de anoche

A noche abrí las puertas y ventanas que hay en mi inetiror; renovándome de nuevo aire y otros mares. Haciendo desparecer por momentos las heridas y cicatrices que anidan en mi piel; lanzándome sin alas en las calles que anidan en mi. Quemé la palabra culpabilidad,  ya no oía sus gritos. Bajo mis pies se hallaba el secreto para que pudiera  reconstruir mi amor propio.
Así cree un mundo fantástico, abstracto con y sin sentido, sin cuerpos y sin caras, gozando, jadeando de placer moral y puro. Desnudando con las manos mi tez, se creó un río. Viajé por su caudal hasta llegar a la cascada que me llevaba a un universo paralelo al de mis sueños; era la realidad de lai vida, que me decía lo mucho que aún me queda por descubrir, por vivir.